Varios grupos financieros alemanes estaban dispuestos a crear una zona
turística. Esta fue la primera gran noticia del año.
El grupo INVESTA, representado por el economista Doctor Meyer, estaba
dispuesto a crear una importante zona turística entre los Km 7 y 13 de la carretera
Níjar-Almería, en una zona de playa comprendida entre Almería y Cabo de Gata.
Para ello se aprovecharía la carretera existente, que estaba en buen
estado, y se comprarían los terrenos en zona no cultivable. A su vez esta empresa tenía
en proyecto la construcción de un aeropuerto, para darle al complejo mayor categoría y
ofrecer servicios de calidad. Para ello se comprometían a la adquisición de un terreno
de 3.415.124 m2 de los que el mayor propietario era el Estado.
El grupo inversor alemán contactó con las autoridades locales y
provinciales para dar a conocer el proyecto. La construcción del aeropuerto no se llevó
a cabo, y se construyó una parte de la urbanización. Con ello, Almería pretendía
incorporarse al boom turístico español.
Pero la gran noticia cinematográfica se produjo por el mes de abril
con la llegada de Lawrence de Arabia.
David Lean, el director de la película, había comenzado el rodaje de la misma un año
antes, en mayo de 1961. La producción, que tuvo grandes problemas durante su rodaje en
Jordania, abandonó el país y recorrió países y paisajes, llegando a Almería guiados
por las opiniones de diversos técnicos ligados a la cinematografía. Fue, sin duda, la
primera gran producción rodada en nuestra provincia. Entre las principales protagonistas
figuraban los ingleses Peter O'Toole -un actor prácticamente desconocido que provenía
del teatro-, Alec Guinnes y Jack Hawkins; los norteamericanos Anthony Quinn y José Ferrer
y los españoles Fernando Sancho, Tomás Ares Pena (Xan Das Bolas) y Antonio Fuentes,
entre otros. La escenografía estuvo a cargo del español Fernando González. El personal
de los equipos técnicos lo formaban unas 400 personas.
El rodaje de la gran superproducción se inició a principios de abril
y concluyó a principios de julio. Los lugares para la filmación se localizaron en la
capital, El Alquián, Cabo de Gata, Tabernas, Gérgal, Níjar, Rodalquilar y Carboneras.
En la capital los altos de la Estación de Autobuses sirvieron como
oficinas, al igual que unos pequeños apartamentos llamados del Barón situados en la
Ciudad Jardín.
En cada zona de rodaje se recreó un ambiente distinto. En el km. 30 de
la carretera de Níjar se construyó un hospital turco. En las cercanías de Cabo de Gata
-entre Torre García y la barriada de Cabo de Gata- se emplazó un ferrocarril con una
vía extendida de 2,5 km de longitud. Los dos trenes empleados fueron llevados,
desmontados en piezas, por camiones. Se filmaron allí ataques y voladuras de trenes
turcos. Para estas escenas la productora tenía dos ideas diferentes. Una de ellas era
volar por completo la máquina de uno de los trenes o instalar en cada vagón material de
cohetería que haría explosión al poco tiempo, dando gran realismo. Pero como en el tren
debían ir figurantes y caballos, se optó por hacer descarrilar la máquina sobre la
arena, para después producirse el ataque de los árabes.
David Lean manifestó su alegría por el desarrollo de ambos ataques,
pues hubiese sido imposible repetir las escenas por lo complicado de las mismas. No hubo
fallos, y el lugar elegido por el director artístico John Box fue ideal, que
acondicionado por más de 60 trabajadores, movieron más 13.000 m3 de arena para poder
construir tan importante tramo ferroviario donde se invirtieron 132 Tm de raíles de
acero.
El rodaje de estas excepcionales escenas ocasionó todo un evento,
produciéndose la llegada de las cámaras de televisión española e inglesa,
colaboradores de la revista italiana Oggi y multitud de periodistas de otros países.
Cerca de Tabernas se construyó un hermoso oasis con árboles y grandes palmeras traídas
desde Alicante. Este maravilloso lugar aún existe en todo su esplendor, manifestándose
entre el desierto tabernense como un verdadero oasis sacado de cualquier cuento de Las mil
y una noches. Este lugar de embrujo fue construido por un hombre del equipo de David Lean,
Eddie Fowlie, productor de cine y almeriense que permanece aún en nuestra provincia, y es
dueño del hotel El Dorado de Carboneras.

Sin embargo, en la playa del Algarrobico, en la desembocadura del río
Alías, en la localidad de Carboneras, fue donde tomó el rodaje mayor espectacularidad.
Se construyó una ciudad que reproducía a la ciudad de Acqaba durante los años 1914-18.
Durante tres meses más de 200 hombres construyeron este fenomenal y rico decorado del que
hoy, desgraciadamente, no quedan restos. La ciudad estaba formada por unas 300 casas,
sobre las que destacaban la mezquita y los edificios oficiales. En las afueras, rambla
adentro, se construyó un campamento turco con más de 70 tiendas blancas, que serían la
base de los 400 extras -soldados turcos- que defendían la ciudad. Todo el ambiente de
autenticidad se subrayó con una magnífica vegetación y por las palmeras que fueron
traídas desde Alicante. Para mayor ampulosidad se instalaron cuatro grandes cañones de
cuarenta pies de largo -construidos por la empresa Oliveros- sobre las colinas cercanas.
Desde luego, todos aquellos que pudieron presenciar el rodaje o trabajar en él destacan
la brillantez y la belleza de todo el decorado y el entorno, pareciendo totalmente una
ciudad sacada de la imaginación.
En las escenas filmadas en la ciudad, destacan las tomas de la misma
por más de cuatrocientos caballos -traídos desde Jérez de la Frontera, Guadix, Sevilla
y Madrid- y ciento cincuenta camellos. El número de figurantes fue muy grande, y todo el
pueblo de Carboneras se movilizó para sumarse a otros extras que procedían de la capital
y otros núcleos.
El rodaje dentro de la misma capital se centró en el Parque de José
Antonio -hoy Parque Nicolás Salmerón-. Estas escenas fueron enganchadas a unas tomas
efectuadas en Sevilla. La ambientación se consiguió instalándose un tranvía con una
vía de 150 metros -el cual era arrastrado por un tractor mediante un cable oculto y a la
distancia conveniente para escapar de la cámara-, coches de caballos, motos y montones de
figurantes ataviados con ropa moruna. En este lugar, el director de la primera unidad,
Noel Howard, sufrió un importante percance. En un día de junio, alrededor de las diez de
la mañana, este segundo director se hallaba en la plataforma de una de las cámaras
cuando fue envestido por el tranvía durante el rodaje de unas escenas. Fue trasladado al
sanatorio del doctor Artés, donde se le apreció una herida de unos 16 cm. en la cara
externa del muslo derecho, con pronóstico grave.
El rodaje de tan importante producción estuvo lleno de anécdotas,
unas negativas, como la anterior, otras de carácter político, otras dominadas por la
picaresca o por la buena voluntad y el buen corazón de algunos.

La picaresca puso la nota graciosa en un rodaje en las dunas. Unos 30
jinetes con alazanes tenían que tomar una loma. David Lean presenciaba la toma,
manifestando su satisfacción. Los jinetes pasaron la colina, se perdieron en el horizonte
y nunca más se supo de los jinetes ni de los caballos. Una vez más la picaresca de unos
cuantos pasa a la historia, para recordarse al cabo de unos años con una sonrisa.
También hace esbozar una sonrisa la forma en que muchos extras de raza gitana denominaban
a esta producción, para ellos se trataba de Lorenzo el de Alhabia.
Un hombre, un actor de gran categoría -aunque un poco tosco en el tato según algunos-,
Anthony Quinn, fue el protagonista de otra curiosidad. El actor socorrió a muchos
almerienses que lo estaban pasando mal en aquella época. Muchos recuerdan aquellos días
en los que este hombre hizo tanto por aquellas gentes.
Posiblemente muchos almerienses y otros tantos hayan estado alguna vez,
o más de una, en el bar Los Cármenes del Zapillo y, sin duda, habrán reparado que en el
bar, en lugar bien visible, está la fotografía del astro. Este hombre, tan recordado en
Almería, visitó mucho el local junto con su doble y desde él y sus alrededores vio la
realidad que muchos de nuestros ciudadanos estaban padeciendo. Pero además de esto, todos
los que conocieron directamente a este gran actor coinciden en su gran humildad y
humanidad.
Siguiendo con esta magna producción, de este singular e
importantísimo rodaje, se podría mencionar el comentario de un dominical londinense,
donde se hizo una alabanza a nuestros paisajes: Paisajes románticos y augustos uno no los
ha visto con frecuencia en la pantalla. Esto es algo más. El sol naranja y sangre, que se
levanta al filo de una duna; las tormentas de arena, las múltiples formas de la
inmensidad, los colores del calor... Creo que es la primera vez que el cine comunica el
éxtasis.
También se recuerda la vida de la ciudad de aquellos días: los pocos
hoteles y fondas abarrotados; los taxis con la bandera de ocupados y los carpinteros
afanados en la construcción de utensilios y muñecos para ser sembrados por el desierto.
Verdaderamente el comercio, la hostelería, los servicios y un gran número de talleres se
beneficiaron de aquella maravillosa fiebre del cine.
El rodaje de la segunda película de 1962 fue el de Marcha o muere. Se
inició en mayo, localizándose el rodaje en varios parajes provinciales, entre ellos:
Mojácar, Pulpí y alrededores y pedanías de Cuevas del Almanzora, como Guazamara. El
director fue Franz Wisbar. La fotografía, que fue en blanco y negro, estuvo a cargo de
Cecilio Paniagua y la escenografía a Enrique Alarcón. En la producción participaron
varias productoras: Midega Films -española-, Tempo Films -italiana-, Ficit S.A.
-italiana- y Monachys Seyn Film Production -alemana-. Esta coproducción contó con los
actores: Stewart Granger, Rafael Calvo y el almeriense Leo Anchóriz. Esta película, que
fue absorbida, en cuanto a protagonismo por la anterior, recorrió paisajes que hasta ese
momento habían sido vírgenes para la cinematografía. Unas escenas de la misma cobraron
gran realismo y en ellas los trucos del cine hicieron lo suyo. Eran unas escenas en los
que los protagonistas se vieron inmersos en una importante tormenta de arena en el
desierto. Como era lógico, grandes ventiladores hicieron el trabajo, pero lo que no
sabrá más de uno es que la supuesta arena no era tal, sencillamente se trataba de polvo
de talco y polvo de cemento. Todo salió mejor de lo que se pensaba. Para esta filmación
se construyó un cuartel militar francés en las cercanías de Mojácar.
La magia del Cine llegó hasta nosotros como el soplo del viento, sin esperarlo. Las
características tan especiales que nos rodean cimentaron las bases de una peculiar
industria. Nuestro clima con un sol perenne y unas temperaturas excepcionales, junto con
un paisaje muy peculiar y variado, fueron los ejes primordiales de esta relación.
El Cine llegó hasta Almería, casi por casualidad, en el año 1951 cuando se produjo el
primer rodaje de un largometraje. Antes de esa fecha, en 1943, se realizó una filmación,
aunque ésta no era una película. En aquella ocasión se trató de un documental español
de 10 minutos de duración con el título de La Alcazaba de Almería, bajo dirección y
guión de Vicente Zaragoza y con fotografía, en blanco y negro, de Arturo Beringola.
Tuvimos que esperar hasta 1953, para que fuera nuestra propia industria
nacional la que nos lanzase hasta tan peculiar actividad. Fueron los años de El beso de
Judas y Sierra maldita, y los paisajes y pueblos de Níjar y Mojácar, con sus raíces
árabes, dieran sus tonos mágicos. Pero, si hubo una película clave para nuestro
lanzamiento, esa fue, sin duda, la que realizase André Cayatte, Ojo por ojo. Aunque con
escaso éxito, fue realmente la que abrió a Almería y provincia hacia el exterior.
Almería empezaba a sonar en los ambientes cinematográficos internacionales.
Otra peculiar faceta, para propiciar la fama de la provincia en las esferas
cinematográficas internacionales, fue la labor de segundas unidades de producciones
italianas; que recorrieron los lugares, que se harían más que conocidos, rodando escenas
sueltas sin que nadie, ni particulares ni autoridades de la época se enterasen. Estas
tomas harían que productores y nuevos directores italianos vieran a estos paisajes como
únicos, cercanos y baratos. Lo cierto es que Almería hizo muchas fortunas en Italia.

En la época de los sesenta fue cuando realmente la industria tomó
cuerpo y se empezaron a realizar grandes producciones, con grandes medios y una
excepcional mano de obra, barata eso sí. Ahí quedaron las producciones de Samuel
Bronston y otras grandes películas, de las que destaca la maravillosa y excepcional obra
del genio inglés David Lean: Lawrence de Arabia.
Con el paso del tiempo el gusto del cine cambió. Se dejaron a un lado
los peplums, las grandes producciones y otras ocuparon sus puestos. Fueron los años del
western a la europea, un género totalmente americano copiado por italianos, españoles y
alemanes; todo un alarde de plagiar al género más americano por excelencia. En un
principio este género se caracterizó por cierta calidad. Ahí quedaban westerns
españoles como Antes llega la muerte o El sabor de la venganza. El género tomó cuerpo,
se contrataron a actores americanos venidos a menos o desconocidos actores españoles e
italianos y se rodaron películas como Tierra brutal, El dedo en el gatillo, o Las
pistolas no discuten.
Pero si tiene que haber un año mágico para este género, es sin duda
1964. Por aquel año, un hombre desconocido, que había realizado sus pinitos en el peplum
sin mucho éxito, se lanzó a realizar una película dentro de un género en auge: Por un
puñado de dólares. Nadie se imaginó el éxito de la misma e incluso se estrenó en un
cine de barrio y en pleno verano -bajo seudónimos-. El éxito fue arrollador, el director
saltó a la fama y catapultó a dos hombres claves del nuevo género -Clint Eastwood y
Gian Mª Volonté-, conocido por todos como spaguetti-western. Sergio Leone creó escuela
con esta producción, rodando seguidamente otras dos películas de gran éxito: La muerte
tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Clint Eastwood, su protagonista, se lanzó
a la fama con una aureola de estrella indiscutible que mantiene hasta nuestros días.
Al subgénero naciente, caracterizado por grandes dosis de violencia
con cierto tipo de humor cínico, le salieron otros competidores menos ambiciosos que
utilizaban todos sus tópicos. Actores como Eastwood sólo rodó tres westerns almerienses
marchando para Hollywood; otros como Lee Van Cleef permanecieron en Europa rodando otros
westerns de categoría como De hombre a hombre o El halcón y la presa.
Los actores seguían apareciendo por todos sitios. A falta de actores
americanos, los inteligentes creadores del sucedáneo utilizaron y lanzaron a actores
prácticamente desconocidos, principalmente italianos. Entre ellos destacaron Franco Nero,
Giuliano Gemma, Anthony Steffen (Antonio De Tefé), Mario Girotti y Carlo Pedersoli, más
conocidos estos últimos como Terence Hill y Bud Spencer. Es de destacar que estos
últimos realizaron en Almería -como ya hemos visto- diversos spaguetti-western nada
típicos de su posterior saga de Trinidad ni de los productos cómicos a los que después
nos acostumbraron. Eran películas serías dirigidas por Giuseppe Colizzi, los
planteamientos iniciales de Leone.
También algunos españoles fueron héroes de este tipo de películas.
Francisco Martínez, conocido como George Martin fue uno de los exponentes de actores
principales españoles. Los secundarios principalmente fueron españoles, ahí tendríamos
a Aldo Sambrell (Alfredo Sánchez Bell), Luis Barboo, Antonio Molino Rojo, Lorenzo
Robledo, Chris Huerta, Fernando Sancho, Roberto Camardiel o Francisco -Frank- Braña que
fueron perennes en este subgénero.
Pero el western no era el rey, todos los géneros fueron tratados: bélicos, bíblicos,
aventuras, acción. Entre ellos tendríamos películas como: Un taxi para Tobruk, Saúl y
David, La colina, Desde Arabia con amor, El salvaje Kurdistán, Mando perdido, Mercenarios
sin gloria, Cabezas quemadas, El valle de Gwangi, Duffy el único, Qué esperen los
cuervos, Patton... y tantas otras.

La importancia y fama de la Almería cinematográfica fue crucial para
el país, por lo que el Gobierno aprobó la construcción del aeropuerto -cuando ciudades
más importantes carecían de él- por generar esta provincia un número muy importante de
divisas. La cosa no quedó ahí, ya que antes de finalizar la década un Decreto hizo
levantar grandes expectativas. El Decreto quedó parado y hubieron de esperarse dos
órdenes ministeriales para hacer realidad la gran Almería del Cine. También es cierto
que a ciudades con infraestructuras importantes, Madrid y Barcelona, no le interesaba esta
nueva Almería que hundiera sus emporios. Lo cierto es, según parece, que las presiones
fueron enormes, y tanto las ilusiones y deseos puestos en estos dictámenes
gubernamentales quedaron muertos por no adaptarse las empresas a las condiciones del
concurso. La realidad era distinta, pues las seis empresas que concursaron a instalar
complejos cinematográficos sobrepasaron con creces los mínimos exigidos. Lo que pasó
seguirá ocupando un lugar importante dentro de lo oculto que rodea a una palabra: dinero.
Sólo una empresa promovida por Manuel Baquero -Estudios Baquero, que no concursó-, con
pocos medios y muchas ganas, hizo una importante labor hasta que tuvo que desaparecer.
En definitiva, muchas palabras, pocas ideas y unas mentes no
interesadas en el tema, tanto a nivel nacional como provincial, nos dejaron caer en un
pozo sin fondo.
Pero el Cine con su peculiar atractivo seguía envolviéndonos. Llegamos a los años
setenta y tras un comienzo excepcional y glorioso de apogeo, continuando con las líneas
marcadas en la anterior década, se dejaron notar unos cambios sensibles y débiles en su
comienzo. Los rodajes seguían produciéndose, centrados en westerns y aventuras, pero el
fantasma apareció e hizo tambalearse a este gigante que había crecido con los pies de
barro -pues no se había cimentado la industria con infraestructuras lógicas- y sobre
terreno poco estable. Los gustos volvieron a cambiar, las crisis, económica y social, se
apoderaron de la industria cinematográfica y lo que antes era oro y mármol pasó a ser
oropel y yeso. Los cimientos cedieron por falta de infraestructuras y nada se hizo por
Almería realmente, sólo succionarle todo lo que se pudo.
A pesar de la crisis, las pocas ideas y el intento de potenciar el cine
nacional, suprimiendo las coproducciones -las bases del cine provincial-, con la
proliferación de rodajes de películas eróticas y de españoladas en las cercanías de
la capital española por ser más barato, no consiguieron que el Cine abandonara nunca
nuestra Almería. Se rodaban películas, aunque no en igual cantidad que antaño, ahí
quedaban: El reportero, El viento y el león, Los cuatro mosqueteros, Simbad y el ojo del
tigre, Las cuatro plumas, El kárate, el colt y el impostor, Marcha o muere, Valentino,
Clayton Drumm, Silla de plata, Cuba, El felino,...
Una característica usual en aquellos años fue el anunciar a bombo y
platillo grandes rodajes que nunca se produjeron. Los rumores invadían la industria y la
mayoría de las veces las tres o cuatro películas anunciadas para un rodaje inmediato se
veían reducidas a la mitad o sólo a una. La labor de los intermediarios, la picaresca
con los precios de terrenos, junto con otras, que ya se han mencionado en este trabajo,
fueron pieza clave. Otra característica fue el hacernos creer que cada vez que se
producía un rodaje estábamos renaciendo y ocupando el lugar que nunca tuvimos que haber
perdido. Falso en toda la regla. La época dorada pasó, y como en una ocasión dijo más
de un director y productor, no supimos sacarle partido a nuestra gallina de los huevos de
oro. Cierto es que si esta industria hubiese estado en manos de gente preparada, enamorada
del cine, otro gallo nos hubiera cantado. La realidad fue bien cruda, siempre hemos estado
en manos de gente no preparada, enteraillos con una buena gramática parda pero con
serrín en lugar de cerebro. A esos son a los que debemos toda nuestra peculiar historia.
Se llegó a los años ochenta con un bagaje de rodajes anuales
francamente bajo mínimos. Apareció la sombra de Conan, el bárbaro, película de grandes
masas. Las campanas se echaron al vuelo: La industria por sin se recuperaba. Volveríamos
a ser lo que fuimos. Tampoco fue cierto, pero se siguieron rodando películas de talla
como Nunca digas nunca jamás -película de la saga de James Bond-, Grunt, El caso
Almería, Tuareg, Esos locos cuatreros, Los guerreros del sol, Las aventuras del Barón
Munchausen... Otras, que se esperaban con gran ilusión, quedaron en el alero. Como
ejemplo tenemos Alí Babá y los cuarenta ladrones. Los preparativos eran inminentes, los
equipos estaban preparados pero la súbita muerte de su director, Terence Young -que ya
rodara en nuestra tierra-, dieron al traste con esta ilusión.
Aunque se mantenía la tónica antes mencionada, las ilusiones seguían
presentes. El rodaje de la última de las partes de Rambo-Stallone llamaba a nuestra
puerta. Todo estaba listo, pero a última hora por fuertes intereses personales la
producción cambió su rumbo. Por otro lado sí llegaron a realizarse unas secuencias
aéreas para La historia interminable, así como la filmación de una película
desconocida con el título de Race y que seguía en la línea de Mad Max y El exterminador
de la carretera. Steven Spielberg preparaba el rodaje de El Impero del sol. Almería era
la candidata. Tampoco se sabe lo que pasó y este nuevo rodaje se esfumó de nuestros
parajes como tantos otros.
Llegó 1988 y el mismo director planeó la tercera y definitiva -hasta
ese momento- entrega del héroe Indiana Jones. Esta vez el rodaje se produjo y el
director, impresionado, no dejaba de alabar a nuestra tierra, diciendo incluso: No tenemos
nada en Estados Unidos como Almería". El rodaje fue un éxito y despertó un
interés inusitado, haciendo recordar a los más veteranos los rodajes fastuosos de la
Epoca Dorada del Cine en Almería.
Como curiosidad mencionar que algunos afirman con rotundidad que este
director tuvo otra relación con nosotros, ya que en su primera película espacial, La
guerra de las galaxias, ésta tenía unas pequeñas tomas en un barranco de Tabernas.
La década de los ochenta finalizaba y tras el rodaje de películas
ambiciosas como Oro fino o Navy Seals, el cine español, con nuevos nombres e ideas,
planta sus cámaras en nuestros paisajes que tanto han sido retratados por el celuloide.
El mejor de los tiempos, Las cosas del querer, Miss Caribe o Contra el viento fueron las
notas de calidad y categoría que el cine nacional nos dejó, volviendo otra vez sus ojos
a los paraísos perdidos que antes, con tanta proliferación, buscaron los cineastas
extranjeros y nacionales.
El sueño de David Lean
David Lean, el hombre que realizara años atrás La joya del cine que es
Lawrence de Arabia, volvía a nuestra Almería con un gran proyecto: Nostromo. El director
que recorriera de nuevo nuestras playas, quedara cegado por nuestro incomparable sol y
luminosidad, traía la esperanza de un buen montón de meses de trabajo. La película
estaba casi empezada, los complejos hoteleros apalabrados para ser alquilados
íntegramente por los equipos durante unos seis meses -Pueblo Indalo (Mojácar)-, los
medios de comunicación (prensa, radio y TV) volvían a hablar de Almería y de las
figuras que de nuevo acogeríamos. Después de tanto y tanto desear este rodaje de este
hombre enamorado de nuestra tierra, sucedió lo peor. Igual que sucediera a Terence Young,
el director moría a los 83 años dejando su gran obra inconclusa.
El cine en Almería quería sobrevivir, y por ello siguiendo la tónica
de los rodajes esporádicos, se lleva a cabo en 1991 las tan traídas y llevadas Jornadas
Almería, Tierra de Cine, promovidas por la Diputación Provincial. Fueron tratados muchos
puntos, se llegaron a muchos acuerdos, y los que de verdad amamos a este mundo
esperábamos ilusionados la realización de algunos de sus proyectos.
Los Estudios de Cine siguen siendo un espectro, el museo francamente no
existe, la Oficina de Información creada no funciona como debería ser, la recuperación
de decorados, tarea francamente sencilla, ni se ha emprendido. Este tema, del que ya se ha
hablado, está bien claro. Sólo se tienen que reconstruir dos decorados, unos
especialmente bello, y que ambos están a punto de desaparecer: el fuerte de El Cóndor y
el decorado de Tecisa. Ni una sola mano ha actuado en estos dos decorados, testigos sin
voz de la historia.
El panorama no puede ser más negativo. Así seguimos y seguiremos como
hasta ahora, sin conseguir nada, sencillamente porque aquellos que tienen en sus manos los
hijos de esta maravillosa industria siguen sin tener las ideas claras o sencillamente el
Cine no les interesa realmente.
El año siguiente, 1992, nos trajo la ilusión. Por fin una Compañía
Cinematográfica planea instalarse en Almería. La United Cinema & Communications
-U.C.C.- elige la localidad de Viator como sede de los tan deseados Estudios Interiores,
con platós, salas de visionado, camerinos... junto c n un Centro de Ocio y una Oficina de
Gestión que agilice los rodajes en la provincia. En definitiva, Almería volvería a ser
la Ciudad del Cine. Las obras se anunciaron para ese otoño, el terreno se empezó a
preparar, pero los hechos no están con nosotros. No se supo qué pasó con el tema y
algunos argumentaron que se trató de una operación encubierta para reorganizar los
terrenos con fines lucrativos. Muchos, gentes relacionadas con esta Industria, aseguran
que todo fue un engaño, un manejo de los políticos para sus especulaciones, y cierto es
también que la historia nos ha mostrado siempre la misma cara aunque con nombres
diferentes ¿Qué habrá de verdad en todo ello?
En ese mismo año, en junio, tuvimos otra agradable noticia: en la
primavera de 1993 tendríamos realizado otro sueño inconcluso, la I Muestra Internacional
de Cine de Almería. Años atrás, en 1971, un hombre llamado Tomas Milian, muy habitual
en los westerns almerienses, lanzó esta idea. Tampoco se hizo nada.
En 1972 se lanzó otra idea, sacada a relucir por las Jornadas
Almería, Tierra de Cine: la creación de un Museo de Cine. Logro: negativo. En 1973 se
intenta reorganizar -de nuevo- un Mapa de Zonas de Rodaje, algo parecido a la Oficina de
Información que planearon las Jornadas. Consecución de antes y de ahora: 0; menos mal
que esta labor de localizaciones está siendo llevada, desde hace años, por la familia
Fernández. La Muestra de Cine tomó cuerpo y Jon Apaolaza estaba ilusionado, lo mismo que
muchos almerienses interesados en el tema. Pero, y siempre hay peros, la Muestra no se
celebró no se sabe porqué motivo.
No es de extrañar que la Muestra nunca se realice o ésta vaya a parar
a otra provincia. Después nos quejaremos, y lo más gracioso es que los que más se
quejan son aquellos que pudieron haberlo evitado en su día, sólo una leve ayuda y todos
nuestros males se solucionarían, pero, como siempre, nuestro mal es estar rodeados de
gente que no está preparada, y sólo ven, en algunos puestos, cobijo para almacenar unos
dinerillos y luego desaparecer del mapa y esgrimir argumentos tan manidos como no he
podido, no he tenido apoyo, no estaba rodeado de gente cualificada... Cuentos que son los
mismos de siempre, pero dichos con otras voces.
Rumores
Aunque el silencio es la nota a nivel cinematográfico por parte de
nuestras autoridades, los rodajes se siguen produciendo con la tónica habitual de los
rumores de otros en cartera. Los grandes rumores no se han confirmado, habrá que seguir
esperando. Las visitas, desde 1992, de incógnito a la ciudad de actores como Arnold
Schwarzenegger -Las cruzadas-, y productores, como George Lucas, han estado ahí sin
producir, hasta el momento, ninguna novedad.
Aún así, el Cine sigue presente y no quiere abandonarnos. Las
filmaciones se suceden, algunas con factor negativo. Esto sucedió con el rodaje de la
serie televisiva El Zorro. Se crearon grandes expectativas y los muchos meses de rodaje
eran un aliciente. Después de rodar en Almería el capítulo piloto y escenas sueltas del
tres y a pesar de ser éste un gran éxito, nos encontramos con la jugada madrileña. A
pesar de las luchas internas en la producción, la capital española nos arrebató el
rodaje; centrándose toda la filmación en parajes madrileños, que aunque bellos, no se
adecuaban a la California española de inicios del siglo XIX.
Una cosa que no podemos olvidar es el gran número de filmaciones que
se han realizado sin constatar en ningún tipo de archivo, lo que quier decir que a pesar
de lo mucho que se ha hablado del tema, siempre quedarán películas que muchos no
identificarán con Almería; sencillamente porque nunca se habló de ellas o no crearon
interés. Entre estas muchas podríamos nombrar: La tierra olvidada por el tiempo,
protagonizada por el eterno Doug Trampas McClure -El virginiano-, El último harén, Sol
sangriento, Dust o Me has hecho perder el juicio, protagonizada por nuestro paisano Manolo
Escobar.
Pero el cine seguía adelante y ahí tenemos: El pájaro de la
felicidad, El cañón del juicio final, Jock... 1994 nos trajo a David Carradine
-inolvidable Kung-Fú- en El águila y el caballo, luego El gran circo con el hijo de
Alain Delon como cabecera del reparto. Bud Spencer y Terence Hill, que iban a protagonizar
un western en Almería en el primer semestre de 1994, al final decidieron realizarlo en
Santa-Fe (Estados Unidos); otra nueva desilusión. Los hijos de Trinidad, protagonizada
por dos nuevos y jóvenes valores estadounidenses, nos trajo la alegría de poder ver a
los sucesores de los ya conocidos astros italianos dentro de este tipo de películas.
Junto a los últimos rodajes de producciones españolas y extranjeras y
todos los eventos que se preparan y que se van a realizar en breve, parece que la
industria va dar el cambio que tuvo que haber dado hace años.
También 1995 nos trajo a Robert Englund en La lengua asesina y películas nacionales como
Extasis y Sí, Bwana. 1996 descubrió a Chiquito de la Calzada en el oeste y 1997 nos
regresó al origen del western europeo con el rodaje de El regreso de Winnetou y las
aventuras de El Coyote, entre otras.
A pesar de todo, bueno y malo, se cumplan o no las ilusiones, Almería
seguirá por siempre siendo la Ciudad del Cine, en definitiva, Tierra de Cine, aunque
muchos no lo quieran.
SUMARIOS
Cerca de Tabernas se construyó un hermoso oasis con árboles y grandes palmeras que aún
existe
Rodaje de Lawrence de Arabia. David Lean presenciaba la toma. Los jinetes pasaron la
colina, se perdieron en el horizonte y nunca más se supo de ellos
La importancia y fama de la Almería cinematográfica fue crucial para el país, por lo
que el Gobierno aprobó la construcción del aeropuerto
Otra característica fue el hacernos creer que cada vez que se producía un rodaje
renacíamos para ocupar el lugar que no tuvimos que perder
Junto a los últimos rodajes de producciones españolas y extranjeras, parece que la
industria dará el cambio...
EL AUTOR
"La fórmula para que Almería sea una Tierra de Cine
auténtica la tiene el Patronato de Turismo"
Nació en Almería en 1960. Junto a sus estudios de
Magisterio y posteriormente de Filología Hispánica, el cine ha sido su gran pasión, a
la que ha dedicado muchas horas de estudio y varias publicaciones.
José Enrique Martínez Moya vivió desde niño, en su barrio de El Zapillo, el mundo del
cine que invadía aún la Almería de los años 70 con las últimas producciones que, de
manera continuada, seguían aprovechando la luz y los decorados naturales de la provincia,
y se quedó prendado de ese ambiente.
Tanto fue así que, además de un empedernido espectador, siguió todos
los rodajes -a los que acudía en su bicicleta, una BH plegable que todavía conserva- e
inició una labor de documentación que hoy ha dado como fruto el libro Almería, un Mundo
de Película, editado recientemente por el Instituto de Estudios Almerienses.
Inspirado por el que fuera su profesor, José María Artero, que le
sugirió el campo, aún virgen literariamente hablando, del mundo del cine en Almería,
comenzó a trabajar, contando hoy con uno de los archivos más amplios, sino el que más,
sobre las producciones realizadas aquí.
El resultado, este libro, surge más de una manera emotiva que
científica: como resultado de su propia experiencia y de las opiniones de testigos
presenciales, que se incluyen en el libro, que se conforma así como un amplio mosaico de
ideas para ofrecer un planteamiento general de una historia hasta ahora no contada. La
dificultad, explica Martínez Moya, es el no haber contado con fuentes escritas. El libro
surge así desde mi punto de vista personal, y de las opiniones de la gente que lo vivió
directamente. Es todo sentimiento y vivencias personales.
El libro es, en este sentido, un completo compendió de lo que se ha
hecho cinematográficamente en Almería, aportando el entusiasmo de alguien que, por
encima de todo, ama al cine y a su tierra, pese a las muchas dificultades que le ha
supuesto sacar esta obra adelante.
Por eso mismo, sigue siendo optimista con la situación de la
producción cinematográfica en la provincia, que clasifica como de mantenimiento, y
reconoce que todos los esfuerzos que se han hecho (que ha hecho) por mantener viva esta
llama, han desaparecido por la desidia y la envidia de muchos: la OFAC, CINEAL y otros
proyectos que quedan ahí, mientras él defiende que existe una fórmula para que Almería
sea la Tierra de cine que tantos desean: Tan sencillo como que el Patronato de Turismo
ponga a una persona dedicada a ello. Así de claro.