Cuadernos Almerienses

 

 

CINE EN LA MEMORIA

Almería, un mundo de película

p33f1.gif (40301 bytes)

Un repaso, con carácter exhaustivo, por lo que ha sido el cine en Almería, es lo que nos propone con este libro José Enrique Martínez Moya, maestro que ha dedicado su vida al cine que se ha realizado en su provincia, recopilando toda la información posible sobre producciones, rodajes e incidencias. Pero además del dato, José Enrique Martínez nos ofrece su propia visión de lo que pasa, desde una perspectiva nada objetiva, con la pasión que mueve al que defiende algo con lo que ha vivido y que es, más que su afición, su eterna lucha de batalla. En este Almería, un mundo de película, Martínez Moya nos ofrece los datos imprescindibles para conocer esta historia.

 

Varios grupos financieros alemanes estaban dispuestos a crear una zona turística. Esta fue la primera gran noticia del año.
El grupo INVESTA, representado por el economista Doctor Meyer, estaba dispuesto a crear una importante zona turística entre los Km 7 y 13 de la carretera Níjar-Almería, en una zona de playa comprendida entre Almería y Cabo de Gata.

Para ello se aprovecharía la carretera existente, que estaba en buen estado, y se comprarían los terrenos en zona no cultivable. A su vez esta empresa tenía en proyecto la construcción de un aeropuerto, para darle al complejo mayor categoría y ofrecer servicios de calidad. Para ello se comprometían a la adquisición de un terreno de 3.415.124 m2 de los que el mayor propietario era el Estado.

El grupo inversor alemán contactó con las autoridades locales y provinciales para dar a conocer el proyecto. La construcción del aeropuerto no se llevó a cabo, y se construyó una parte de la urbanización. Con ello, Almería pretendía incorporarse al boom turístico español.

Pero la gran noticia cinematográfica se produjo por el mes de abril con la llegada de Lawrence de Arabia.
David Lean, el director de la película, había comenzado el rodaje de la misma un año antes, en mayo de 1961. La producción, que tuvo grandes problemas durante su rodaje en Jordania, abandonó el país y recorrió países y paisajes, llegando a Almería guiados por las opiniones de diversos técnicos ligados a la cinematografía. Fue, sin duda, la primera gran producción rodada en nuestra provincia. Entre las principales protagonistas figuraban los ingleses Peter O'Toole -un actor prácticamente desconocido que provenía del teatro-, Alec Guinnes y Jack Hawkins; los norteamericanos Anthony Quinn y José Ferrer y los españoles Fernando Sancho, Tomás Ares Pena (Xan Das Bolas) y Antonio Fuentes, entre otros. La escenografía estuvo a cargo del español Fernando González. El personal de los equipos técnicos lo formaban unas 400 personas.

El rodaje de la gran superproducción se inició a principios de abril y concluyó a principios de julio. Los lugares para la filmación se localizaron en la capital, El Alquián, Cabo de Gata, Tabernas, Gérgal, Níjar, Rodalquilar y Carboneras.

En la capital los altos de la Estación de Autobuses sirvieron como oficinas, al igual que unos pequeños apartamentos llamados del Barón situados en la Ciudad Jardín.

En cada zona de rodaje se recreó un ambiente distinto. En el km. 30 de la carretera de Níjar se construyó un hospital turco. En las cercanías de Cabo de Gata -entre Torre García y la barriada de Cabo de Gata- se emplazó un ferrocarril con una vía extendida de 2,5 km de longitud. Los dos trenes empleados fueron llevados, desmontados en piezas, por camiones. Se filmaron allí ataques y voladuras de trenes turcos. Para estas escenas la productora tenía dos ideas diferentes. Una de ellas era volar por completo la máquina de uno de los trenes o instalar en cada vagón material de cohetería que haría explosión al poco tiempo, dando gran realismo. Pero como en el tren debían ir figurantes y caballos, se optó por hacer descarrilar la máquina sobre la arena, para después producirse el ataque de los árabes.

David Lean manifestó su alegría por el desarrollo de ambos ataques, pues hubiese sido imposible repetir las escenas por lo complicado de las mismas. No hubo fallos, y el lugar elegido por el director artístico John Box fue ideal, que acondicionado por más de 60 trabajadores, movieron más 13.000 m3 de arena para poder construir tan importante tramo ferroviario donde se invirtieron 132 Tm de raíles de acero.

El rodaje de estas excepcionales escenas ocasionó todo un evento, produciéndose la llegada de las cámaras de televisión española e inglesa, colaboradores de la revista italiana Oggi y multitud de periodistas de otros países.
Cerca de Tabernas se construyó un hermoso oasis con árboles y grandes palmeras traídas desde Alicante. Este maravilloso lugar aún existe en todo su esplendor, manifestándose entre el desierto tabernense como un verdadero oasis sacado de cualquier cuento de Las mil y una noches. Este lugar de embrujo fue construido por un hombre del equipo de David Lean, Eddie Fowlie, productor de cine y almeriense que permanece aún en nuestra provincia, y es dueño del hotel El Dorado de Carboneras.

p33f2.gif (63063 bytes)

Sin embargo, en la playa del Algarrobico, en la desembocadura del río Alías, en la localidad de Carboneras, fue donde tomó el rodaje mayor espectacularidad. Se construyó una ciudad que reproducía a la ciudad de Acqaba durante los años 1914-18. Durante tres meses más de 200 hombres construyeron este fenomenal y rico decorado del que hoy, desgraciadamente, no quedan restos. La ciudad estaba formada por unas 300 casas, sobre las que destacaban la mezquita y los edificios oficiales. En las afueras, rambla adentro, se construyó un campamento turco con más de 70 tiendas blancas, que serían la base de los 400 extras -soldados turcos- que defendían la ciudad. Todo el ambiente de autenticidad se subrayó con una magnífica vegetación y por las palmeras que fueron traídas desde Alicante. Para mayor ampulosidad se instalaron cuatro grandes cañones de cuarenta pies de largo -construidos por la empresa Oliveros- sobre las colinas cercanas. Desde luego, todos aquellos que pudieron presenciar el rodaje o trabajar en él destacan la brillantez y la belleza de todo el decorado y el entorno, pareciendo totalmente una ciudad sacada de la imaginación.

En las escenas filmadas en la ciudad, destacan las tomas de la misma por más de cuatrocientos caballos -traídos desde Jérez de la Frontera, Guadix, Sevilla y Madrid- y ciento cincuenta camellos. El número de figurantes fue muy grande, y todo el pueblo de Carboneras se movilizó para sumarse a otros extras que procedían de la capital y otros núcleos.

El rodaje dentro de la misma capital se centró en el Parque de José Antonio -hoy Parque Nicolás Salmerón-. Estas escenas fueron enganchadas a unas tomas efectuadas en Sevilla. La ambientación se consiguió instalándose un tranvía con una vía de 150 metros -el cual era arrastrado por un tractor mediante un cable oculto y a la distancia conveniente para escapar de la cámara-, coches de caballos, motos y montones de figurantes ataviados con ropa moruna. En este lugar, el director de la primera unidad, Noel Howard, sufrió un importante percance. En un día de junio, alrededor de las diez de la mañana, este segundo director se hallaba en la plataforma de una de las cámaras cuando fue envestido por el tranvía durante el rodaje de unas escenas. Fue trasladado al sanatorio del doctor Artés, donde se le apreció una herida de unos 16 cm. en la cara externa del muslo derecho, con pronóstico grave.

El rodaje de tan importante producción estuvo lleno de anécdotas, unas negativas, como la anterior, otras de carácter político, otras dominadas por la picaresca o por la buena voluntad y el buen corazón de algunos.

p34f1.gif (66618 bytes)

La picaresca puso la nota graciosa en un rodaje en las dunas. Unos 30 jinetes con alazanes tenían que tomar una loma. David Lean presenciaba la toma, manifestando su satisfacción. Los jinetes pasaron la colina, se perdieron en el horizonte y nunca más se supo de los jinetes ni de los caballos. Una vez más la picaresca de unos cuantos pasa a la historia, para recordarse al cabo de unos años con una sonrisa. También hace esbozar una sonrisa la forma en que muchos extras de raza gitana denominaban a esta producción, para ellos se trataba de Lorenzo el de Alhabia.
Un hombre, un actor de gran categoría -aunque un poco tosco en el tato según algunos-, Anthony Quinn, fue el protagonista de otra curiosidad. El actor socorrió a muchos almerienses que lo estaban pasando mal en aquella época. Muchos recuerdan aquellos días en los que este hombre hizo tanto por aquellas gentes.

Posiblemente muchos almerienses y otros tantos hayan estado alguna vez, o más de una, en el bar Los Cármenes del Zapillo y, sin duda, habrán reparado que en el bar, en lugar bien visible, está la fotografía del astro. Este hombre, tan recordado en Almería, visitó mucho el local junto con su doble y desde él y sus alrededores vio la realidad que muchos de nuestros ciudadanos estaban padeciendo. Pero además de esto, todos los que conocieron directamente a este gran actor coinciden en su gran humildad y humanidad.

Siguiendo con esta magna producción, de este singular e importantísimo rodaje, se podría mencionar el comentario de un dominical londinense, donde se hizo una alabanza a nuestros paisajes: Paisajes románticos y augustos uno no los ha visto con frecuencia en la pantalla. Esto es algo más. El sol naranja y sangre, que se levanta al filo de una duna; las tormentas de arena, las múltiples formas de la inmensidad, los colores del calor... Creo que es la primera vez que el cine comunica el éxtasis.

También se recuerda la vida de la ciudad de aquellos días: los pocos hoteles y fondas abarrotados; los taxis con la bandera de ocupados y los carpinteros afanados en la construcción de utensilios y muñecos para ser sembrados por el desierto. Verdaderamente el comercio, la hostelería, los servicios y un gran número de talleres se beneficiaron de aquella maravillosa fiebre del cine.

El rodaje de la segunda película de 1962 fue el de Marcha o muere. Se inició en mayo, localizándose el rodaje en varios parajes provinciales, entre ellos: Mojácar, Pulpí y alrededores y pedanías de Cuevas del Almanzora, como Guazamara. El director fue Franz Wisbar. La fotografía, que fue en blanco y negro, estuvo a cargo de Cecilio Paniagua y la escenografía a Enrique Alarcón. En la producción participaron varias productoras: Midega Films -española-, Tempo Films -italiana-, Ficit S.A. -italiana- y Monachys Seyn Film Production -alemana-. Esta coproducción contó con los actores: Stewart Granger, Rafael Calvo y el almeriense Leo Anchóriz. Esta película, que fue absorbida, en cuanto a protagonismo por la anterior, recorrió paisajes que hasta ese momento habían sido vírgenes para la cinematografía. Unas escenas de la misma cobraron gran realismo y en ellas los trucos del cine hicieron lo suyo. Eran unas escenas en los que los protagonistas se vieron inmersos en una importante tormenta de arena en el desierto. Como era lógico, grandes ventiladores hicieron el trabajo, pero lo que no sabrá más de uno es que la supuesta arena no era tal, sencillamente se trataba de polvo de talco y polvo de cemento. Todo salió mejor de lo que se pensaba. Para esta filmación se construyó un cuartel militar francés en las cercanías de Mojácar.
La magia del Cine llegó hasta nosotros como el soplo del viento, sin esperarlo. Las características tan especiales que nos rodean cimentaron las bases de una peculiar industria. Nuestro clima con un sol perenne y unas temperaturas excepcionales, junto con un paisaje muy peculiar y variado, fueron los ejes primordiales de esta relación.
El Cine llegó hasta Almería, casi por casualidad, en el año 1951 cuando se produjo el primer rodaje de un largometraje. Antes de esa fecha, en 1943, se realizó una filmación, aunque ésta no era una película. En aquella ocasión se trató de un documental español de 10 minutos de duración con el título de La Alcazaba de Almería, bajo dirección y guión de Vicente Zaragoza y con fotografía, en blanco y negro, de Arturo Beringola.

Tuvimos que esperar hasta 1953, para que fuera nuestra propia industria nacional la que nos lanzase hasta tan peculiar actividad. Fueron los años de El beso de Judas y Sierra maldita, y los paisajes y pueblos de Níjar y Mojácar, con sus raíces árabes, dieran sus tonos mágicos. Pero, si hubo una película clave para nuestro lanzamiento, esa fue, sin duda, la que realizase André Cayatte, Ojo por ojo. Aunque con escaso éxito, fue realmente la que abrió a Almería y provincia hacia el exterior. Almería empezaba a sonar en los ambientes cinematográficos internacionales.
Otra peculiar faceta, para propiciar la fama de la provincia en las esferas cinematográficas internacionales, fue la labor de segundas unidades de producciones italianas; que recorrieron los lugares, que se harían más que conocidos, rodando escenas sueltas sin que nadie, ni particulares ni autoridades de la época se enterasen. Estas tomas harían que productores y nuevos directores italianos vieran a estos paisajes como únicos, cercanos y baratos. Lo cierto es que Almería hizo muchas fortunas en Italia.

p35f1.gif (63280 bytes)

En la época de los sesenta fue cuando realmente la industria tomó cuerpo y se empezaron a realizar grandes producciones, con grandes medios y una excepcional mano de obra, barata eso sí. Ahí quedaron las producciones de Samuel Bronston y otras grandes películas, de las que destaca la maravillosa y excepcional obra del genio inglés David Lean: Lawrence de Arabia.

Con el paso del tiempo el gusto del cine cambió. Se dejaron a un lado los peplums, las grandes producciones y otras ocuparon sus puestos. Fueron los años del western a la europea, un género totalmente americano copiado por italianos, españoles y alemanes; todo un alarde de plagiar al género más americano por excelencia. En un principio este género se caracterizó por cierta calidad. Ahí quedaban westerns españoles como Antes llega la muerte o El sabor de la venganza. El género tomó cuerpo, se contrataron a actores americanos venidos a menos o desconocidos actores españoles e italianos y se rodaron películas como Tierra brutal, El dedo en el gatillo, o Las pistolas no discuten.

Pero si tiene que haber un año mágico para este género, es sin duda 1964. Por aquel año, un hombre desconocido, que había realizado sus pinitos en el peplum sin mucho éxito, se lanzó a realizar una película dentro de un género en auge: Por un puñado de dólares. Nadie se imaginó el éxito de la misma e incluso se estrenó en un cine de barrio y en pleno verano -bajo seudónimos-. El éxito fue arrollador, el director saltó a la fama y catapultó a dos hombres claves del nuevo género -Clint Eastwood y Gian Mª Volonté-, conocido por todos como spaguetti-western. Sergio Leone creó escuela con esta producción, rodando seguidamente otras dos películas de gran éxito: La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Clint Eastwood, su protagonista, se lanzó a la fama con una aureola de estrella indiscutible que mantiene hasta nuestros días.

Al subgénero naciente, caracterizado por grandes dosis de violencia con cierto tipo de humor cínico, le salieron otros competidores menos ambiciosos que utilizaban todos sus tópicos. Actores como Eastwood sólo rodó tres westerns almerienses marchando para Hollywood; otros como Lee Van Cleef permanecieron en Europa rodando otros westerns de categoría como De hombre a hombre o El halcón y la presa.

Los actores seguían apareciendo por todos sitios. A falta de actores americanos, los inteligentes creadores del sucedáneo utilizaron y lanzaron a actores prácticamente desconocidos, principalmente italianos. Entre ellos destacaron Franco Nero, Giuliano Gemma, Anthony Steffen (Antonio De Tefé), Mario Girotti y Carlo Pedersoli, más conocidos estos últimos como Terence Hill y Bud Spencer. Es de destacar que estos últimos realizaron en Almería -como ya hemos visto- diversos spaguetti-western nada típicos de su posterior saga de Trinidad ni de los productos cómicos a los que después nos acostumbraron. Eran películas serías dirigidas por Giuseppe Colizzi, los planteamientos iniciales de Leone.

También algunos españoles fueron héroes de este tipo de películas. Francisco Martínez, conocido como George Martin fue uno de los exponentes de actores principales españoles. Los secundarios principalmente fueron españoles, ahí tendríamos a Aldo Sambrell (Alfredo Sánchez Bell), Luis Barboo, Antonio Molino Rojo, Lorenzo Robledo, Chris Huerta, Fernando Sancho, Roberto Camardiel o Francisco -Frank- Braña que fueron perennes en este subgénero.
Pero el western no era el rey, todos los géneros fueron tratados: bélicos, bíblicos, aventuras, acción. Entre ellos tendríamos películas como: Un taxi para Tobruk, Saúl y David, La colina, Desde Arabia con amor, El salvaje Kurdistán, Mando perdido, Mercenarios sin gloria, Cabezas quemadas, El valle de Gwangi, Duffy el único, Qué esperen los cuervos, Patton... y tantas otras.

p36f1.gif (62435 bytes)

La importancia y fama de la Almería cinematográfica fue crucial para el país, por lo que el Gobierno aprobó la construcción del aeropuerto -cuando ciudades más importantes carecían de él- por generar esta provincia un número muy importante de divisas. La cosa no quedó ahí, ya que antes de finalizar la década un Decreto hizo levantar grandes expectativas. El Decreto quedó parado y hubieron de esperarse dos órdenes ministeriales para hacer realidad la gran Almería del Cine. También es cierto que a ciudades con infraestructuras importantes, Madrid y Barcelona, no le interesaba esta nueva Almería que hundiera sus emporios. Lo cierto es, según parece, que las presiones fueron enormes, y tanto las ilusiones y deseos puestos en estos dictámenes gubernamentales quedaron muertos por no adaptarse las empresas a las condiciones del concurso. La realidad era distinta, pues las seis empresas que concursaron a instalar complejos cinematográficos sobrepasaron con creces los mínimos exigidos. Lo que pasó seguirá ocupando un lugar importante dentro de lo oculto que rodea a una palabra: dinero. Sólo una empresa promovida por Manuel Baquero -Estudios Baquero, que no concursó-, con pocos medios y muchas ganas, hizo una importante labor hasta que tuvo que desaparecer.

En definitiva, muchas palabras, pocas ideas y unas mentes no interesadas en el tema, tanto a nivel nacional como provincial, nos dejaron caer en un pozo sin fondo.
Pero el Cine con su peculiar atractivo seguía envolviéndonos. Llegamos a los años setenta y tras un comienzo excepcional y glorioso de apogeo, continuando con las líneas marcadas en la anterior década, se dejaron notar unos cambios sensibles y débiles en su comienzo. Los rodajes seguían produciéndose, centrados en westerns y aventuras, pero el fantasma apareció e hizo tambalearse a este gigante que había crecido con los pies de barro -pues no se había cimentado la industria con infraestructuras lógicas- y sobre terreno poco estable. Los gustos volvieron a cambiar, las crisis, económica y social, se apoderaron de la industria cinematográfica y lo que antes era oro y mármol pasó a ser oropel y yeso. Los cimientos cedieron por falta de infraestructuras y nada se hizo por Almería realmente, sólo succionarle todo lo que se pudo.

A pesar de la crisis, las pocas ideas y el intento de potenciar el cine nacional, suprimiendo las coproducciones -las bases del cine provincial-, con la proliferación de rodajes de películas eróticas y de españoladas en las cercanías de la capital española por ser más barato, no consiguieron que el Cine abandonara nunca nuestra Almería. Se rodaban películas, aunque no en igual cantidad que antaño, ahí quedaban: El reportero, El viento y el león, Los cuatro mosqueteros, Simbad y el ojo del tigre, Las cuatro plumas, El kárate, el colt y el impostor, Marcha o muere, Valentino, Clayton Drumm, Silla de plata, Cuba, El felino,...

Una característica usual en aquellos años fue el anunciar a bombo y platillo grandes rodajes que nunca se produjeron. Los rumores invadían la industria y la mayoría de las veces las tres o cuatro películas anunciadas para un rodaje inmediato se veían reducidas a la mitad o sólo a una. La labor de los intermediarios, la picaresca con los precios de terrenos, junto con otras, que ya se han mencionado en este trabajo, fueron pieza clave. Otra característica fue el hacernos creer que cada vez que se producía un rodaje estábamos renaciendo y ocupando el lugar que nunca tuvimos que haber perdido. Falso en toda la regla. La época dorada pasó, y como en una ocasión dijo más de un director y productor, no supimos sacarle partido a nuestra gallina de los huevos de oro. Cierto es que si esta industria hubiese estado en manos de gente preparada, enamorada del cine, otro gallo nos hubiera cantado. La realidad fue bien cruda, siempre hemos estado en manos de gente no preparada, enteraillos con una buena gramática parda pero con serrín en lugar de cerebro. A esos son a los que debemos toda nuestra peculiar historia.

Se llegó a los años ochenta con un bagaje de rodajes anuales francamente bajo mínimos. Apareció la sombra de Conan, el bárbaro, película de grandes masas. Las campanas se echaron al vuelo: La industria por sin se recuperaba. Volveríamos a ser lo que fuimos. Tampoco fue cierto, pero se siguieron rodando películas de talla como Nunca digas nunca jamás -película de la saga de James Bond-, Grunt, El caso Almería, Tuareg, Esos locos cuatreros, Los guerreros del sol, Las aventuras del Barón Munchausen... Otras, que se esperaban con gran ilusión, quedaron en el alero. Como ejemplo tenemos Alí Babá y los cuarenta ladrones. Los preparativos eran inminentes, los equipos estaban preparados pero la súbita muerte de su director, Terence Young -que ya rodara en nuestra tierra-, dieron al traste con esta ilusión.

Aunque se mantenía la tónica antes mencionada, las ilusiones seguían presentes. El rodaje de la última de las partes de Rambo-Stallone llamaba a nuestra puerta. Todo estaba listo, pero a última hora por fuertes intereses personales la producción cambió su rumbo. Por otro lado sí llegaron a realizarse unas secuencias aéreas para La historia interminable, así como la filmación de una película desconocida con el título de Race y que seguía en la línea de Mad Max y El exterminador de la carretera. Steven Spielberg preparaba el rodaje de El Impero del sol. Almería era la candidata. Tampoco se sabe lo que pasó y este nuevo rodaje se esfumó de nuestros parajes como tantos otros.

Llegó 1988 y el mismo director planeó la tercera y definitiva -hasta ese momento- entrega del héroe Indiana Jones. Esta vez el rodaje se produjo y el director, impresionado, no dejaba de alabar a nuestra tierra, diciendo incluso: No tenemos nada en Estados Unidos como Almería". El rodaje fue un éxito y despertó un interés inusitado, haciendo recordar a los más veteranos los rodajes fastuosos de la Epoca Dorada del Cine en Almería.

Como curiosidad mencionar que algunos afirman con rotundidad que este director tuvo otra relación con nosotros, ya que en su primera película espacial, La guerra de las galaxias, ésta tenía unas pequeñas tomas en un barranco de Tabernas.

La década de los ochenta finalizaba y tras el rodaje de películas ambiciosas como Oro fino o Navy Seals, el cine español, con nuevos nombres e ideas, planta sus cámaras en nuestros paisajes que tanto han sido retratados por el celuloide. El mejor de los tiempos, Las cosas del querer, Miss Caribe o Contra el viento fueron las notas de calidad y categoría que el cine nacional nos dejó, volviendo otra vez sus ojos a los paraísos perdidos que antes, con tanta proliferación, buscaron los cineastas extranjeros y nacionales.

El sueño de David Lean
David Lean, el hombre que realizara años atrás La joya del cine que es Lawrence de Arabia, volvía a nuestra Almería con un gran proyecto: Nostromo. El director que recorriera de nuevo nuestras playas, quedara cegado por nuestro incomparable sol y luminosidad, traía la esperanza de un buen montón de meses de trabajo. La película estaba casi empezada, los complejos hoteleros apalabrados para ser alquilados íntegramente por los equipos durante unos seis meses -Pueblo Indalo (Mojácar)-, los medios de comunicación (prensa, radio y TV) volvían a hablar de Almería y de las figuras que de nuevo acogeríamos. Después de tanto y tanto desear este rodaje de este hombre enamorado de nuestra tierra, sucedió lo peor. Igual que sucediera a Terence Young, el director moría a los 83 años dejando su gran obra inconclusa.

El cine en Almería quería sobrevivir, y por ello siguiendo la tónica de los rodajes esporádicos, se lleva a cabo en 1991 las tan traídas y llevadas Jornadas Almería, Tierra de Cine, promovidas por la Diputación Provincial. Fueron tratados muchos puntos, se llegaron a muchos acuerdos, y los que de verdad amamos a este mundo esperábamos ilusionados la realización de algunos de sus proyectos.

Los Estudios de Cine siguen siendo un espectro, el museo francamente no existe, la Oficina de Información creada no funciona como debería ser, la recuperación de decorados, tarea francamente sencilla, ni se ha emprendido. Este tema, del que ya se ha hablado, está bien claro. Sólo se tienen que reconstruir dos decorados, unos especialmente bello, y que ambos están a punto de desaparecer: el fuerte de El Cóndor y el decorado de Tecisa. Ni una sola mano ha actuado en estos dos decorados, testigos sin voz de la historia.

El panorama no puede ser más negativo. Así seguimos y seguiremos como hasta ahora, sin conseguir nada, sencillamente porque aquellos que tienen en sus manos los hijos de esta maravillosa industria siguen sin tener las ideas claras o sencillamente el Cine no les interesa realmente.

El año siguiente, 1992, nos trajo la ilusión. Por fin una Compañía Cinematográfica planea instalarse en Almería. La United Cinema & Communications -U.C.C.- elige la localidad de Viator como sede de los tan deseados Estudios Interiores, con platós, salas de visionado, camerinos... junto c n un Centro de Ocio y una Oficina de Gestión que agilice los rodajes en la provincia. En definitiva, Almería volvería a ser la Ciudad del Cine. Las obras se anunciaron para ese otoño, el terreno se empezó a preparar, pero los hechos no están con nosotros. No se supo qué pasó con el tema y algunos argumentaron que se trató de una operación encubierta para reorganizar los terrenos con fines lucrativos. Muchos, gentes relacionadas con esta Industria, aseguran que todo fue un engaño, un manejo de los políticos para sus especulaciones, y cierto es también que la historia nos ha mostrado siempre la misma cara aunque con nombres diferentes ¿Qué habrá de verdad en todo ello?

En ese mismo año, en junio, tuvimos otra agradable noticia: en la primavera de 1993 tendríamos realizado otro sueño inconcluso, la I Muestra Internacional de Cine de Almería. Años atrás, en 1971, un hombre llamado Tomas Milian, muy habitual en los westerns almerienses, lanzó esta idea. Tampoco se hizo nada.

En 1972 se lanzó otra idea, sacada a relucir por las Jornadas Almería, Tierra de Cine: la creación de un Museo de Cine. Logro: negativo. En 1973 se intenta reorganizar -de nuevo- un Mapa de Zonas de Rodaje, algo parecido a la Oficina de Información que planearon las Jornadas. Consecución de antes y de ahora: 0; menos mal que esta labor de localizaciones está siendo llevada, desde hace años, por la familia Fernández. La Muestra de Cine tomó cuerpo y Jon Apaolaza estaba ilusionado, lo mismo que muchos almerienses interesados en el tema. Pero, y siempre hay peros, la Muestra no se celebró no se sabe porqué motivo.

No es de extrañar que la Muestra nunca se realice o ésta vaya a parar a otra provincia. Después nos quejaremos, y lo más gracioso es que los que más se quejan son aquellos que pudieron haberlo evitado en su día, sólo una leve ayuda y todos nuestros males se solucionarían, pero, como siempre, nuestro mal es estar rodeados de gente que no está preparada, y sólo ven, en algunos puestos, cobijo para almacenar unos dinerillos y luego desaparecer del mapa y esgrimir argumentos tan manidos como no he podido, no he tenido apoyo, no estaba rodeado de gente cualificada... Cuentos que son los mismos de siempre, pero dichos con otras voces.

Rumores
Aunque el silencio es la nota a nivel cinematográfico por parte de nuestras autoridades, los rodajes se siguen produciendo con la tónica habitual de los rumores de otros en cartera. Los grandes rumores no se han confirmado, habrá que seguir esperando. Las visitas, desde 1992, de incógnito a la ciudad de actores como Arnold Schwarzenegger -Las cruzadas-, y productores, como George Lucas, han estado ahí sin producir, hasta el momento, ninguna novedad.

Aún así, el Cine sigue presente y no quiere abandonarnos. Las filmaciones se suceden, algunas con factor negativo. Esto sucedió con el rodaje de la serie televisiva El Zorro. Se crearon grandes expectativas y los muchos meses de rodaje eran un aliciente. Después de rodar en Almería el capítulo piloto y escenas sueltas del tres y a pesar de ser éste un gran éxito, nos encontramos con la jugada madrileña. A pesar de las luchas internas en la producción, la capital española nos arrebató el rodaje; centrándose toda la filmación en parajes madrileños, que aunque bellos, no se adecuaban a la California española de inicios del siglo XIX.

Una cosa que no podemos olvidar es el gran número de filmaciones que se han realizado sin constatar en ningún tipo de archivo, lo que quier decir que a pesar de lo mucho que se ha hablado del tema, siempre quedarán películas que muchos no identificarán con Almería; sencillamente porque nunca se habló de ellas o no crearon interés. Entre estas muchas podríamos nombrar: La tierra olvidada por el tiempo, protagonizada por el eterno Doug Trampas McClure -El virginiano-, El último harén, Sol sangriento, Dust o Me has hecho perder el juicio, protagonizada por nuestro paisano Manolo Escobar.

Pero el cine seguía adelante y ahí tenemos: El pájaro de la felicidad, El cañón del juicio final, Jock... 1994 nos trajo a David Carradine -inolvidable Kung-Fú- en El águila y el caballo, luego El gran circo con el hijo de Alain Delon como cabecera del reparto. Bud Spencer y Terence Hill, que iban a protagonizar un western en Almería en el primer semestre de 1994, al final decidieron realizarlo en Santa-Fe (Estados Unidos); otra nueva desilusión. Los hijos de Trinidad, protagonizada por dos nuevos y jóvenes valores estadounidenses, nos trajo la alegría de poder ver a los sucesores de los ya conocidos astros italianos dentro de este tipo de películas.

Junto a los últimos rodajes de producciones españolas y extranjeras y todos los eventos que se preparan y que se van a realizar en breve, parece que la industria va dar el cambio que tuvo que haber dado hace años.
También 1995 nos trajo a Robert Englund en La lengua asesina y películas nacionales como Extasis y Sí, Bwana. 1996 descubrió a Chiquito de la Calzada en el oeste y 1997 nos regresó al origen del western europeo con el rodaje de El regreso de Winnetou y las aventuras de El Coyote, entre otras.

A pesar de todo, bueno y malo, se cumplan o no las ilusiones, Almería seguirá por siempre siendo la Ciudad del Cine, en definitiva, Tierra de Cine, aunque muchos no lo quieran.



SUMARIOS



Cerca de Tabernas se construyó un hermoso oasis con árboles y grandes palmeras que aún existe

Rodaje de Lawrence de Arabia. David Lean presenciaba la toma. Los jinetes pasaron la colina, se perdieron en el horizonte y nunca más se supo de ellos

La importancia y fama de la Almería cinematográfica fue crucial para el país, por lo que el Gobierno aprobó la construcción del aeropuerto

Otra característica fue el hacernos creer que cada vez que se producía un rodaje renacíamos para ocupar el lugar que no tuvimos que perder

Junto a los últimos rodajes de producciones españolas y extranjeras, parece que la industria dará el cambio...

EL AUTOR

"La fórmula para que Almería sea una Tierra de Cine auténtica la tiene el Patronato de Turismo"

p36f2.gif (69299 bytes)Nació en Almería en 1960. Junto a sus estudios de Magisterio y posteriormente de Filología Hispánica, el cine ha sido su gran pasión, a la que ha dedicado muchas horas de estudio y varias publicaciones.

José Enrique Martínez Moya vivió desde niño, en su barrio de El Zapillo, el mundo del cine que invadía aún la Almería de los años 70 con las últimas producciones que, de manera continuada, seguían aprovechando la luz y los decorados naturales de la provincia, y se quedó prendado de ese ambiente.

Tanto fue así que, además de un empedernido espectador, siguió todos los rodajes -a los que acudía en su bicicleta, una BH plegable que todavía conserva- e inició una labor de documentación que hoy ha dado como fruto el libro Almería, un Mundo de Película, editado recientemente por el Instituto de Estudios Almerienses.

Inspirado por el que fuera su profesor, José María Artero, que le sugirió el campo, aún virgen literariamente hablando, del mundo del cine en Almería, comenzó a trabajar, contando hoy con uno de los archivos más amplios, sino el que más, sobre las producciones realizadas aquí.

El resultado, este libro, surge más de una manera emotiva que científica: como resultado de su propia experiencia y de las opiniones de testigos presenciales, que se incluyen en el libro, que se conforma así como un amplio mosaico de ideas para ofrecer un planteamiento general de una historia hasta ahora no contada. La dificultad, explica Martínez Moya, es el no haber contado con fuentes escritas. El libro surge así desde mi punto de vista personal, y de las opiniones de la gente que lo vivió directamente. Es todo sentimiento y vivencias personales.

El libro es, en este sentido, un completo compendió de lo que se ha hecho cinematográficamente en Almería, aportando el entusiasmo de alguien que, por encima de todo, ama al cine y a su tierra, pese a las muchas dificultades que le ha supuesto sacar esta obra adelante.

Por eso mismo, sigue siendo optimista con la situación de la producción cinematográfica en la provincia, que clasifica como de mantenimiento, y reconoce que todos los esfuerzos que se han hecho (que ha hecho) por mantener viva esta llama, han desaparecido por la desidia y la envidia de muchos: la OFAC, CINEAL y otros proyectos que quedan ahí, mientras él defiende que existe una fórmula para que Almería sea la Tierra de cine que tantos desean: Tan sencillo como que el Patronato de Turismo ponga a una persona dedicada a ello. Así de claro.


                                                                                                                                  ©1998 Digindal.